lunes, 31 de octubre de 2022

Evangelio domingo 6 de noviembre

Ante un grupo de saduceos que niegan la resurrección de los muertos, Jesús defendió la resurrección y la vida después de la muerte. Y lo hizo convencido de que su Padre Dios no es Dios de muertos, sino de vivos y vivas. junto a Dios, están todas las personas que amaron y con su amor dieron vida a los demás. A Jesús siempre le interesa la vida. La de ahora y la de después. Para Él todos están vivos. ayer, hoy, siempre...

Evangelio dialogado - Lc 20, 27-38

1º.- Sabes lo que es una adivinanza, ¿verdad? Es un acertijo de palabras, una pregunta que te hace pensar. En ocasiones son divertidas. Las adivinanzas han existido desde el tiempo de Jesús. Quizás desde antes. Hoy vamos a escuchar una.

2º.- Un día se le acercó a Jesús un grupo de saduceos, líderes religiosos que no creían en la resurrección. Ellos intentaban que Jesús dijera que no existía la resurrección. Le pidieron que contestara la siguiente adivinanza diciendo:

1º.- “Maestro, Moisés nos enseñó en sus escritos que si un hombre muere y deja a la viuda sin hijos, el hermano de ese hombre tiene que casarse con la viuda para que su hermano tenga descendencia. Pues bien, había siete hermanos. El primero se casó y murió sin dejar hijos. Entonces el segundo y el tercero se casaron con ella, y así sucesivamente murieron los siete sin dejar hijos. Por último, murió también la mujer. Ahora bien, en la resurrección, ¿de quién será esposa esta mujer, ya que los siete estuvieron casados con ella?

2º.- El grupo de Saduceos se frotaba las manos de satisfacción. Y le decían a Jesús que les contestase: A ver, responde, responde ... Escuchad la contestación de Jesús:

1º.- “El matrimonio es para las personas aquí en la tierra. Pero cuando llegue el momento, aquellos que resuciten no estarán casados ni se casarán, ni tampoco podrán morir, pues serán como los ángeles. Vivirán por siempre porque son hijos de Dios.”

2º.- Jesús añadió:

1º.- “Moisés mismo nos da a entender que los muertos resucitan, pues llama al Señor "el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob". Él no es Dios de muertos, sino de vivos.

2º.- Después que Jesús sabiamente contestó su adivinanza, nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Tú y yo sabemos que Jesús nos prometió que si le amamos y confiamos en Él viviremos para siempre con Él. ¿No crees que es triste que haya personas que no creen en la resurrección y que hay vida eterna en el cielo?

Amado Padre, estamos felices hoy porque nos has prometido una vida eterna en el cielo.

Elaborado por: Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández




lunes, 24 de octubre de 2022

San Antonio María Claret

Hoy celebramos San Antonio María Claret. ¡Feliz día a todos!





Evangelio domingo 30 de octubre

Zaqueo - Lucas 19, 1-10

En aquel tiempo entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad. Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: - Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa. El bajó en seguida, y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban diciendo: - Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador. Pero Zaqueo se puso en pie, y dijo al Señor: - Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más. Jesús le contestó: - Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.

Evangelio dialogado DOMINGO 31º - Ciclo C

NARRADOR: Jesús fue a visitar la ciudad de Jericó. Las personas se ponían a los lados de las calles esperando verle. Una de las personas entre la multitud era un hombre muy bajito. Era tan bajito que no alcanzaba a ver por encima de la muchedumbre. Este hombre se llamaba Zaqueo, era jefe de publicanos y rico. Él quería ver a Jesús, así que trepó a un árbol y esperó a que Jesús pasara por allí. Jesús al llegar a aquel sitio miró hacia arriba y le dijo:

JESÚS: “Zaqueo, baja en seguida porque hoy tengo que quedarme en tu casa”.

NIÑO 1: Las personas que estaban alrededor se sorprendieron, ¿sabes?, Zaqueo era una de las personas más odiadas en todo Jericó.

NIÑO 2: ¿Por qué era tan odiado?

NIÑO 1: Porque Zaqueo era un hombre pequeño con un gran problema. Él era un ladrón y un tramposo. Era el principal recaudador de impuestos de la ciudad y se había convertido en un hombre rico, porque había estafado a la gente recogiendo más impuestos de los que debía.

NIÑO 2: Entonces, ¿se quedaba con parte del dinero que recaudaba?

NIÑO 1: Pues claro. Y por eso la gente no podía entender que Jesús fuera a la casa de un hombre como Zaqueo, porque le consideraban un pecador.

NARRADOR: Zaqueo sabía que había engañado a las personas y cuando llegó con Jesús a su casa, le confesó a Jesús que estaba arrepentido de haberse comportado mal y le dijo:

ZAQUEO: “Ahora mismo voy a dar a los pobres la mitad de lo que tengo, y si en algo he defraudado a alguien, le devolveré cuatro veces la cantidad que le quité”.

NARRADOR: Debido a que Zaqueo estaba arrepentido por lo que había hecho y que también había confesado su pecado, Jesús le perdonó y le dijo:

JESÚS: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa, también este es hijo de Abraham, porque el hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido”

Elaborado por: Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández





martes, 18 de octubre de 2022

Evangelio Domingo 23 de octubre

El publicano y el fariseo - Lucas 18, 9-14
En aquel tiempo dijo Jesús esta parábola por algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás: - Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: ¡Oh Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el décimo de todo lo que tengo. El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: ¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador. Os digo que éste bajó a su casa justificado y aquel no. Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.

Explicación
Para hablar con Dios debemos hacerlo con sencillez. Eso quiere decir Jesús cuando cuenta esta historia a sus amigos : Dos hombres fueron al templo a orar. Uno de ellos se puso muy adelante y dijo: Te doy gracias Dios, porque no soy como los demás, ladrones, mentirosos y tramposos. Yo pago los impuestos religiosos y cumplo con la ley del ayuno. El otro, escondido en el fondo del templo, decía : Oh Dios, perdóname que soy un pecador !. El primero no fue escuchado. El segundo sí. No se atrevía ni a levantar los ojos al cielo.











EVANGELIO DIALOGADO
Narrador: Entre los que se acercaban a Jesús a escuchar sus enseñanzas, había gente de toda clase, de distinta religión, ricos y pobres; y Jesús oía toda clase de conversaciones.
Publicano: Vosotros los fariseos sois unos creídos. Os creéis más que los demás, porque habéis estudiado. Unos orgullosos... eso es lo que sois.
Fariseo: A vosotros sí que no os quiere nadie. Mucha envidia es lo que tenéis. Sí, envidia porque somos más listos que vosotros y más buenos. Vosotros sois malos y pecadores, y no se puede hablar con vosotros.
Narrador: Este era el tono, que amenazaba proximidad de tormenta. La cosa se iba poniendo muy seria. ¡Eh! amigos, escuchad... ¡Eh! escuchad. Creo amigos que os va a venir muy bien, pero que muy bien, lo que dice Jesús. Escuchad, por favor.
JESÚS: Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo.
Narrador: Los fariseos eran personas que se sabían de carretilla la Ley de Moisés, y presumían de cumplirla al pie de la letra.
JESÚS: El otro era un publicano.
Narrador: Los publicanos se encargaban de cobrar los impuestos, que exigía Roma. Por eso el pueblo no les tenía cariño, y los fariseos los despreciaban... Pero, oigamos lo que dice Jesús.
JESÚS: El fariseo, en pie, en medio del templo, oraba así: ¡Oh Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros. Tampoco soy como ese publicano. Yo ayuno dos veces por semana y entrego al templo una parte de todo lo que gano, como manda la ley.
Narrador: El otro, el publicano, se había colocado en un rincón del templo, de rodillas, sin atreverse a levantar la cabeza. Escuchemos...
JESÚS: El publicano oraba así: ¡Dios mío!, ¡Dios mío! ten compasión de mi porque soy un pecador.
Narrador: Y Jesús dirigiéndose a todos los que le escuchaban, les dijo:
JESÚS: Os digo, que el publicano volvió a su casa estando a bien con Dios y el fariseo no. Porque todo el que se cree importante será humillado y el que se humilla será importante ante Dios.
Elaborado por: Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández

jueves, 13 de octubre de 2022

Laudato si

El Papa Francisco ha escrito una carta dirigida a cada persona en este planeta, pidiéndonos a todos nosotros que protejamos la Tierra, nuestro hogar común. Se titula Laudato si, en recuerdo a San Francisco de Asís. Es la segunda encíclica del Papa Francisco, publicada en 2015, donde reflexiona sobre el estado del medio ambiente y la ecología, y hace un llamado a la adecuada conservación del planeta.

En la carta que dice que "la tierra es un don de Dios para nosotros, lleno de belleza y maravilla donde los frutos de la tierra pertenecen a todos". Pero lo que vemos hoy es que nuestra casa común nunca ha sufrido tanto daño y maltrato como en los últimos 200 años. Hemos desarrollado una velocidad mayor de lo que podríamos haber imaginado. Hemos tratado la Tierra como si fuera un suministro ilimitado de recursos, tomando más que lo que justamente nos correspondía, de lo nuestro y de lo de las futuras generaciones por venir. 


Hemos despojado la tierra de sus bosques naturales, hemos contaminado las aguas, su tierra, y su aire. Las plantas y las especies se están extinguiendo a un ritmo alarmante. La Tierra, nuestro hogar, está empezando a parecerse, cada vez más, a un inmenso montón de suciedad. Nuestro creciente uso de combustibles fósiles contaminantes, especialmente el carbón, el petróleo y el gas, está ayudando a impulsar el cambio climático, que es uno de los mayores desafíos que enfrentamos hoy en día. El cambio climático nos afecta a todos, pero son las comunidades más pobres las que más lo sufren.

Ahora estamos en un punto crítico, donde el futuro de nuestro planeta está en peligro, ya que, a pesar de esta crisis, no parece haber ninguna desaceleración en los estilos de vida de los países ricos. La enorme brecha entre los ricos y los pobres siguen aumentando, entre los que quedaron atrapados en la pobreza, con pocos o ningún recurso, y los que están consumiendo y gastando a un ritmo cada vez mayor, dejando un rastro de residuos y destrucción. Nuestro mundo digital también nos está contaminando con el ruido y las distracciones, nos impide aprender a vivir sabiamente, a pensar profundamente y amar generosamente. Las relaciones reales se sustituyen por las amistades virtuales que podemos elegir aceptar o rechazar, dejándonos insatisfechos, sin relaciones profundas, o pueden dar lugar a una nueva sensación de aislamiento. 

 

Sin embargo, a pesar de todo esto, no todo está perdido. Los jóvenes exigen el cambio; los jóvenes quieren construir un mejor que toma en serio la crisis ambiental y los sufrimientos de los pobres. Así que podemos cambiar, podemos tener un nuevo comienzo; para proteger nuestro hogar común, necesitamos un plan común. Toda la familia humana necesita trabajar en conjunto para que, así, la belleza pueda lo que no puede la contaminación y la destrucción. El uso de los combustibles fósiles también tiene que ser reemplazado sin demora. Y tenemos que dejar de tratar a los recursos del mundo como un objeto con fines de lucro, sin pensar en cómo nuestras acciones pueden afectar el medio ambiente de las generaciones futuras.

miércoles, 12 de octubre de 2022

Uno más en clase

El pasado lunes, 10 de octubre, nos visitó Mª Antonia y sus alumnas de jota: Carmen, Sara, Vega, Jara, María, Noa e Isabel. Cantaron jotas a la Virgen del Pilar, en especial, Sierra de luna que la interpretaron entera ya que habíamos trabajado la letra en clase. Animaron a los niños de cuarto a que valorasen el folclore y tradiciones de Aragón y a que se apuntaran a jota, baile o a tocar algún instrumento. ¡Muchas gracias por esta actividad tan bonita!



lunes, 10 de octubre de 2022

Evangelio del Domingo 16 de octubre

EL juez inicuo y la viuda - Lucas 18, 1-8

En aquel tiempo, Jesús, para explicar a los discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola: - Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres. En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle: "Hazme justicia frente a mi adversario"; por algún tiempo se negó, pero después se dijo: "Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esa viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara". Y el Señor respondió: - Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?, ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?

Explicación

Jesús nos pone un ejemplo para que comprendamos que la oración debe ser insistente, constante, habitual: En un pueblo había un juez injusto. Una mujer viuda iba cada día a decirle: ¡Hazme justicia contra quien me trata mal! Pero el juez no la hacía caso. No obstante, ella insistía y todos los días le pedía justicia. Por fin, el juez, cansado de la mujer, atendió su reclamación. Si habláis a vuestro Padre Dios cada día os hará justicia. No os canséis.

Evangelio dialogado

Narrador: En aquel tiempo, Jesús, para explicar a sus discípulos cómo había que rezar sin desanimarse, les propuso una parábola.

Discípulo1: Maestro, enséñanos a orar. Nos has dicho muchas veces cómo hay que rezar, pero no da resultado.

Discípulo2: Yo empiezo a desilusionarme, ¿seguro que no te equivocaste al enseñarnos a rezar?

Jesús: Vale, os lo repetiré a ver si ahora queda claro. Para rezar debéis decir «Padre nuestro, que estás en el cielo...»

Discípulo1: ¡Eso, Jesús, ya lo sabemos! Lo hemos rezado así muchas veces.

Discípulo2: Pero Dios no nos escucha.

Jesús: Tenéis que seguir rezando ... ¡sin desanimaros! Sentaos aquí, os voy a contar una parábola: «Había una vez un juez en una ciudad que no tenía respeto a Dios ni a los hombres»

Discípulo1: ¡Menuda pieza, vaya caradura!

Jesús: «En la misma ciudad había una mujer viuda que lloraba ante el juez, diciendo:

Viuda: ¡Por favor, te lo ruego, hazme justicia frente a mi adversario!

Jesús: «Pero el juez se negaba una y otra vez, hasta que un día pensó:

Juez: Aunque no temo a Dios, ni me importan los hombres, como esa viuda me está fastidiando, le haré justicia, no sea que acabe por pegarme en la cara.

Jesús: «Fijaos en lo que le dice el juez injusto a la viuda»

Juez: Está bien, está bien. Anda, ven conmigo y te haré justicia.

Jesús: ¿Creéis que Dios no os escuchará a vosotros si le gritáis día y noche? ¿Va a daros largas?

Discípulo2: Entonces, ¿hay que insistir más y más, para que Dios Padre nos haga caso?

Discípulo1: ¡Pues ya verá el Padre Dios lo pesado que me pongo! ¿Seguro que nos escuchará?

Jesús: Seguro, y os hará justicia sin tardar.

Discípulo2: Es muy difícil pedir al padre con tanta fe

Discípulo 1: Además, nunca sabemos si él está de acuerdo con lo que le pedimos.

Jesús: Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará esta fe tan grande en la tierra?

Narrador: Si somos cristianos, debemos rezar siempre y mucho. Para que cuando veamos de nuevo a Jesús, al fin de los tiempos, podamos acogerlo y reconocerlo. Y él, seguro que se acordará de nosotros.

Elaborado por: Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández 



sábado, 8 de octubre de 2022

Vuelve la Biblia viajera

¡Vuelve la Biblia viajera! Podremos disfrutar de ella en casa una tarde y devolverla al día siguiente para que la tome prestada otro compañero. Tenemos que ser cuidadosos y mantenerla limpia y ordenada como la hemos recibido. ¡Buena lectura!









lunes, 3 de octubre de 2022

Evangelio Domingo 9 de octubre

Curación de los diez leprosos - Lucas 17, 11-19

Yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: - Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros. Al verlos, les dijo: - Id a presentaros a los sacerdotes. Y mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos, y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias. Este era un samaritano. Jesús tomó la palabra y dijo: - ¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?. Y le dijo: - Levántate, vete; tu fe te ha salvado

Explicación

Sed siempre agradecidos. Incluso hasta parecer pesados. La palabra “gracias", debéis pronunciarla siempre que os salga del corazón, por todo lo que recibimos a diario. Hoy el evangelio nos presenta una escena de desagradecidos... Solo un leproso de diez que fueron curados por Jesús, volvió para darle gracias. Los otros nueve, ¿dónde están? - dijo Jesús extrañado.

Evangelio dialogado

Narrador: En aquel tiempo, Jesús, que iba camino de Jerusalén, pasaba por confines entre Samaría y Galilea, y, al entrar en un pueblo, salieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a distancia, y, levantando la voz, dijeron:

Niño/a: “¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!”.

Narrador: Al verlos les dijo:

Jesús: “Id y presentaos a los sacerdotes”.

Narrador: Y sucedió que mientras iban, quedaron limpios.

Uno de ellos, viéndose curado, se volvió glorificando a Dios en alta voz; y postrándose rostro en tierra a los pies de Jesús, le daba gracias: y éste era un samaritano.

Tomó la palabra Jesús y dijo:

Jesús: ¿No quedaron limpios los diez? Los otros nueves, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino ese extranjero?

Narrador: Y le dijo:

Jesús: “Levántate y vete; tu fe te ha salvado”.

Elaborado por: Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández