Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. Él les dijo: - ¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino? Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replicó: - ¿Eres tú el único forastero de Jerusalén que no sabes lo que ha pasado allí estos días? Él les preguntó: - ¿Qué? Ellos le contestaron: -Lo de Jesús el Nazareno, que fue profeta poderoso en obras y palabras ante Dios y todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves, hace dos días que sucedió esto. Es vedad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues fueron muy de mañana al sepulcro, y no encontraron el cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les habían dicho que estaba vivo. Alguno de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no le vieron. Entonces Jesús les dijo: - ¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria? Y comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas les explicó lo que refería a él en toda la Escritura. Ya cerca de la aldea donde iban, él hizo ademán de seguir adelante, pero ellos le apremiaron diciendo: -Quédate con nosotros porque atardece y el día va de caída. Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se le abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció. Ellos comentaron: - ¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras? Y levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón. Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.
Explicación
Después de resucitar Jesús, se apareció a unos discípulos que iban a una aldea que se llamaba Emaús. Los discípulos al principio no le reconocieron, y Jesús se puso a hablar con ellos y, sin que se dieran cuenta, les iba explicando lo que le había ocurrido en su pasión. Cuando llego la hora de cenar, Jesús tomo el pan, lo bendijo y se lo dio. ¡Entonces lo reconocieron! ¡Es Jesús, es Jesús! Y retornaron a Jerusalén, para contárselo a los apóstoles.
Evangelio dialogado
TERCER DOMINGO DE PASCUA – “A”( Lc 24, 13-35)
NARRADOR: ¿Queréis que os cuente una historia de Jesús?
NIÑOS: ¡Sí! ¡Sí! ¡Muy bien! ¡Estupendo!
NARRADOR: Es una historia que cuenta el evangelista Lucas. Y sucedió pocos días después de que crucificaran a Jesús...
NIÑO 1º: Le crucificaron los judíos.
NIÑO 2º: Le crucificaron los romanos.
NIÑO 1º: Sí, pero los judíos entregaron a Jesús a los romanos.
NIÑO 2º: Y dijeron de Él muchas mentiras.
NARRADOR: Bueno, bueno, no todos los judíos hicieron eso.
NIÑO 1º: Claro los más malos eran los "jefazos": sumos sacerdotes y fariseos.
NIÑO 2º: Yo sé que cuando murió Jesús, sus amigos se escondieron porque tenían miedo. Pensaban que Jesús era el Mesías y no podía morir.
NIÑO 1º: Pero Jesús resucitó al tercer día. Y se apareció a María Magdalena. Pero los brutos de los Apóstoles no la creyeron cuando se lo dijo.
NARRADOR: Bien, bien, es estupendo que sepáis tantas cosas de Jesús, pero... ¿y mi historia?
NIÑOS: ¡Vale, vale, cuéntanosla!
NARRADOR: Os iba diciendo que por aquellos días, dos amigos de Jesús caminaban hacia Emaús. Era éste un pueblecito que está a unos kilómetros de Jerusalén. Iban hablando de las mismas cosas que habéis hablado vosotros. Entonces vieron a un hombre que se puso a caminar a su lado.
NIÑO 1º: ¿Era un fantasma?
NARRADOR: ¡Qué va! Era... un hombre normal. Les preguntó de quién hablaban y casi se enfadaron con él.
NIÑO 2º: ¿Por qué?
NARRADOR: Porque no parecía saber nada de Jesús, y para ellos Jesús era muy importante. Entonces le contaron todo lo que había pasado.
NIÑO 1º: ¿Y qué dijo el hombre?
NARRADOR: El hombre les explicó lo que decían de Jesús las Escrituras, que cuentan la historia del pueblo de Dios.
NIÑO 2º: Seguro que los amigos de Jesús estarían felices escuchándole.
NARRADOR: Tan felices que, como ya atardecía y llegaban a Emaús, le invitaron a cenar con ellos.
NIÑOS: ¿Y se quedó?
NARRADOR: Pues sí. Y al bendecir el pan y repartírselo, se dieron cuenta... ¡Era Jesús! Entonces... desapareció.
NIÑO 2º: Pero... ¿Cómo es posible que no le reconocieran?
NARRADOR: Estaban tan convencidos de que lo habían visto muerto, que no dudaban que todo había acabado para Jesús. Pero el caso es que los dos amigos se pusieron muy, muy contentos de haber visto a Jesús. Y corrieron otra vez a Jerusalén a contárselo a todos.
NIÑOS: ¿Y le creyeron?
NARRADOR: Esta vez sí, porque Jesús también se había aparecido a Pedro.
Elaborado por: Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández
Domingo, 12 de abril. Apariciones
a los discípulos - Juan 20, 19-31
Al anochecer de aquel día, el
primero de la semana, estaban los discípulos en una casa con las puertas
cerradas, por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les
dijo: -Paz a vosotros. Y diciendo esto, les enseño las manos y el costado. Y
los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: -Paz a
vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Y dicho esto
exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: -Recibid el Espíritu Santo; a quienes
les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis,
les quedan retenidos. Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con
ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: Hemos visto al
Señor. Pero él les contestó: -Si no meto el dedo en el agujero de los clavos y
no meto la mano en su costado, no lo creo. A los ocho días estaban otra vez
dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las
puertas, se puso en medio y dijo: -Paz a vosotros. Luego dijo a Tomás: -Trae tu
dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas
incrédulo, sino creyente. Contestó Tomás: -¡Señor mío y Dios mío! Jesús le
dijo: - ¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber
visto. Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a
la vista de los discípulos. Estos se han escrito para que creáis que Jesús es
el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su Nombre.
Explicación
A los ocho días de resucitar, Jesús
se apareció a los apóstoles, pero faltaba uno Tomás. Al llegar él, le contaron
todos a la vez lo de la aparición. Pero Tomás les dijo: -Explicádmelo todo lo
que queráis, pero si no toco sus heridas de las manos y del costado, no creeré
que es él. Ocho días después llegó Jesús y le dijo a Tomás: -¿Toma mis manos y
mi costado. Tomás exclamo: -¡Señor mío y Dios mío! Y Jesús le dijo: -¿Has
tenido que ver para creerme? Mejor habría sido que hubieras creído en sus
palabras.
Evangelio dialogado
SEGUNDO DOMINGO DE PASCUA – “A”
(Jn. 20, 19-31)
NARRADOR: Estaba anocheciendo.
Por la mañana corrieron rumores de que el cuerpo de Jesús había desaparecido
del sepulcro. Pedro y Juan lo confirmaron. ¿Será verdad que ha resucitado? Los
discípulos se han reunido en una casa... Tienen miedo a los judíos. Han cerrado
bien las puertas. De pronto...
JESÚS: ¡Paz a vosotros! Como el
Padre me ha enviado, así también os envío yo. Recibid el Espíritu Santo... A
quienes perdonéis los pecados les quedan perdonados... y a quienes se los
retengáis, les quedan retenidos.
NARRADOR: Jesús desapareció de su
vista. Al momento se oyeron unos golpes en la puerta. Alguien llamaba. ¿Quién
será...? ¡Es Tomás!
TOMÁS: ¿Qué os pasa? Tenéis cara
de asustados.
APÓSTOL 1º: ¡Ha venido el
Maestro! ¡Sí, se nos ha aparecido!
APÓSTOL 2º: Sí, sí, ha hablado
con nosotros.
TOMÁS: Si no veo en sus manos la
señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto
la mano en su costado... no lo creo.
NARRADOR: Así quedaron las cosas.
No pudieron convencer a Tomás de que Jesús había resucitado. A los ocho días
estaban otra vez reunidos los discípulos y Tomás entre ellos. Las puertas
seguían cerradas por miedo a los judíos, cuando... aparece Jesús.
JESÚS: ¡Paz a vosotros! ¡Paz a
vosotros! Tomás: Trae tu dedo, aquí tienes mis manos. Trae tu mano y métela en
mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.
TOMÁS: ¡Señor mío y Dios mío!
JESÚS: ¿Porque me has visto has
creído? Dichosos los que crean sin haber visto.
NARRADOR: Muchos otros signos,
que no están escritos en este libro hizo Jesús a la vista de sus discípulos.
Estos están escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios y,
para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.
Elaborado por: Fr. Emilio Díez
Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández
Comienza la semana cultural con la temática EL PERIÓDICO en el CEIP Víctor Mendoza. Desde el área de Religión Católica los alumnos de sexto expondrán su trabajo sobre el Periódico El Caldero, que trata de nuestras fiestas religiosas y tradiciones populares. EL PERIÓDICO: DE LA IMPRENTA AL QUIOSCO. 🗞️📰🗞️❤️❤️❤️
En aquel tiempo, las hermanas de
Lázaro le mandaron recado a Jesús, diciendo: - Señor tu amigo está enfermo.
Jesús al oírlo dijo: - Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá
para gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella. Jesús
amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo,
se quedó todavía dos días en donde estaba. Sólo entonces dice a sus discípulos:
-Vamos otra vez a Judea. Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días
enterrado. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro,
mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús: - Señor si hubieras
estado aquí, no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que
pidas a Dios, Dios te lo concederá. Jesús le dijo: - Tu hermano resucitará.
Marta respondió: Sé que resucitará en la resurrección del último día. Jesús le
dice: - Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto
vivirá; y el que vive y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto? Ella
le contestó: - Si, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el
que tenía que venir al mundo. Jesús muy conmovido preguntó: - ¿Dónde lo habéis
enterrado? Le contestaron: - Señor, ven a verlo. Jesús se echóa llorar. Los judíos comentaban: - ¡Cómo lo
quería! Pero algunos dijeron: -Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no
podía haber impedido que muriera éste? Jesús sollozando de nuevo, llegó a la
tumba (Era una cavidad cubierta con una losa.) Dijo Jesús: - Quitad la losa
Marta, la hermana del muerto, le dijo: -Señor, ya huele mal, porque lleva
cuatro días. Jesús le dijo: - ¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de
Dios? Entonces quitaron la losa, Jesús, levantando los ojos a lo alto dijo: -
Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas
siempre; pero lo digo por la gente que me rodea para que crean que tú me has
enviado. Y dicho esto, gritó con voz potente: -Lázaro, ven afuera. El muerto
salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un
sudario. Jesús les dijo: -Desatadlo y dejadlo andar. Y muchos judíos que habían
venido a casa de María al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.
Explicación
Hoy vemos como gracias a Jesús se
da la victoria de la vida sobre la muerte. Jesús recibe el recado de que su
amigo Lázaro está enfermo y dos días después va a verlo, pero cuando llegó ya
había muerto hacia cuatro días. Jesús, que lo quería mucho fue llorando, con
Marta la hermana de Lázaro hasta la tumba. Entonces oro al Padre dándole
gracias y después grito: ¡Lázaro ven afuera! Y Lázaro resucitó.
Evangelio dialogado
QUINTO DOMINGO DE CUARESMA – “A”
(Jn. 11, 1-45)
NARRADOR: En aquel tiempo las hermanas
Marta y María le mandaron a Jesús diciendo: Tu amigo Lázaro está muy enfermo.
JESÚS: Esta enfermedad no acabará
con la muerte. Servirá para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.
NARRADOR: Jesús amaba a Marta, a
su hermana y a Lázaro, pero se quedó todavía dos días en donde estaba,
terminando lo que tenía que hacer. Sólo después se encaminó hacia Judea. Y les
dijo a los discípulos:
JESÚS: Lázaro, nuestro amigo,
está dormido: voy a despertarlo.
DISCÍPULO: Señor, si duerme, se
salvará, se pondrá bien.
JESÚS: Lázaro ha muerto. Ahora
vamos a su casa, y me alegro que me acompañéis, para que veáis el poder de Dios
y creáis.
NARRADOR: Cuando llegó Jesús,
Lázaro llevaba cuatro días enterrado.
MARÍA: ¡Maestro, Maestro! ¿Cómo
no has venido antes?
MARTA: Si hubieras estado aquí,
ahora estaría vivo, no le habrías dejado que muriera. Pero yo sé que todo lo
que pidas a Dios, Dios te lo concederá.
JESÚS: Tu hermano resucitará.
MARTA: Sé que resucitará en la
resurrección del último día.
JESÚS: Yo soy la resurrección y
la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto vivirá; y el que está vivo y
cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees tú esto?
MARTA: Sí, Señor. Yo creo que tú
eres el Mesías, el Hijo de Dios. El que tenía que venir al mundo.
JESÚS: ¿Dónde le habéis
enterrado?
MARÍA: Aquí cerca. Ven a verlo.
NARRADOR: Jesús se echó a llorar,
y la gente comentaba: ¡cómo le quería! Otros murmuraban: ¿no podía haber
impedido que muriera éste? Jesús sollozando llegó a la tumba y dijo:
JESÚS: ¡Quitad la losa!
MARTA: Señor, huele mal. Lleva
ahí cuatro días.
JESÚS: ¿No te he dicho que si
crees, verás la gloria de Dios?
NARRADOR: Los judíos se
dispusieron a quitar la losa. Jesús, ante el pueblo, levantó los brazos al
Cielo en oración:
JESÚS: Padre, te doy gracias
porque me has escuchado. Yo sé que Tú me escuchas siempre, pero lo digo por la
gente que me rodea, para que crean que Tú me has enviado.
NARRADOR: Y dicho esto, gritó con
voz potente:
JESÚS: ¡Lázaro...! ¡Sal fuera!
NARRADOR: El muerto salió, los
pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario.
JESÚS: Desatadlo y dejadle andar.
NARRADOR: Y muchos judíos que
habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en Él.
Elaborado por: Fr. Emilio Díez
Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández
En aquel tiempo, al pasar Jesús
vio a un hombre ciego de nacimiento. Jesús escupió en la tierra, hizo barro con
la saliva, se lo untó en los ojos al ciego, y le dijo: -Ve a lavarte a la
piscina de Siloé (que significa Enviado). Él fue, se lavó, y volvió con vista.
Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: -¿No es
ése el que se sentaba a pedir? Unos decían: - El mismo Otros decían: No es él,
pero se le parece. El respondía: -Soy yo. Llevaron ante los fariseos al que
había sido ciego. (Era sábado el día que Jesús hizo el barro y le abrió los
ojos.) También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él
les contestó: -Me puso barro en los ojos, me lavé y veo. Algunos de los
fariseos comentaban: -Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.
Otros replicaban: -¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos? Y estaban
divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: -Y tú, ¿qué dices del que te ha
abierto los ojos? Él contestó: -Que es un profeta Le replicaron: -Empecatado
naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros? Y lo
expulsaron. Oyo Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: -¿Crees
tú en el Hijo del hombre? Él contestó: - ¿Y quién es, Señor, para que crea en
él? Jesús le dijo: -Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es. Él dijo:
-Creo, Señor. Y se postró ante él.
Explicación
En una ocasión Jesús se topó con
un ciego de nacimiento. Jesús hizo barro se lo untó en los ojos y le mandó
lavarse. Él fue y volvió viendo. También en nuestro bautismo nos lavaron los
ojos del alma para poder ver a Jesús y para creer en él. Por el bautismo
tenemos la luz que nos ilumina en nuestro camino.
Evangelio dialogado
CUARTO DOMINGO DE CUARESMA –
“A”(Jn. 9, 1-41)
NARRADOR: En aquel tiempo,
al pasar Jesús vio un hombre ciego de nacimiento, que pedía limosna.
CIEGO: ¡Una limosna para
este pobre ciego de nacimiento! ¡Por piedad, una limosna!
DISCÍPULO: Maestro ¿quién
pecó, éste o sus padres para que naciera ciego?
JESÚS: Ni pecó éste ni sus padres.
Es ciego para que todos sepan que yo soy la luz del mundo.
NARRADOR: Jesús llega hasta
el ciego, se inclina, escupió en la tierra, hizo barro y se lo puso en los
ojos.
JESÚS: Amigo, ve a lavarte a
la piscina de Siloé.
DISCÍPULO: Maestro ¿en quién
confía el ciego para obedecerte?
¿En ti o en la medicina?
JESÚS: Ha confiado en mí,
eso le curará. Vámonos, que nos esperan.
NARRADOR: El ciego fue, se
lavó y volvió con vista.
CIEGO: ¡Veo...! ¡Veo...! ¡Veo...!
¡Veo...!
NARRADOR: Y los vecinos y
los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban:
VECINO: ¿Es ése el que se
sentaba a pedir? Se le parece mucho.
CIEGO: ¡Sí, sí, sí... soy
yo!
VECINO: ¿Y cómo es que ahora
ves?
CIEGO: Ese hombre al que
llaman Jesús, hizo barro, me lo puso en los ojos, dijo que fuera a Siloé a
lavarme, me lavé, y ya veo.
VECINO: ¿Dónde está él?
CIEGO: No lo sé.
NARRADOR: Los vecinos
llevaron ante los fariseos al que había sido ciego.
VECINO: Sacerdotes,
Fariseos, hoy es sábado y un tal Jesús ha curado a este ciego de nacimiento.
SACERDOTE: ¿Cómo ha
sucedido?
CIEGO: Me puso barro en los
ojos, me lavé y veo.
SACERDOTE: Si viniera de
Dios guardaría el sábado. Todo el que diga que Jesús es el Mesías, será
expulsado de la sinagoga ¿Y tú, ciego, que piensas de él?
CIEGO: Seguro que es un
Profeta.
NARRADOR: El enfado de los
sacerdotes iba a más. Veían que más y más gente creían en Él
SACERDOTE: Éste nos toma el
pelo. ¡Llamad a sus padres!
PADRES: Sabemos que es
nuestro hijo, y que nació ciego... Pero no sabemos quién le ha curado y por
qué. Preguntádselo a él. ¡Ya es mayorcito!
SACERDOTE: Tú, ¡contesta!
¿Por qué ves ahora?
Confiesa que Jesús es un pecador.
CIEGO: Si es un pecador, no
lo sé. Sólo sé que era ciego y ahora veo.
SACERDOTE: ¿Qué te hizo?
¿Cómo te abrió los ojos?
CIEGO: Os lo he dicho ya.
¿Es que queréis ser discípulos suyos?
SACERDOTE: ¡Eso lo serás tú!
Nosotros somos discípulos de Moisés. A Moisés le habló Dios. Pero éste...
¿de dónde viene?
CIEGO: Vosotros decís que
Dios no escucha a los malos, sino a los buenos. Si Jesús no viniera de Dios...
¡No podría hacer milagros!
SACERDOTE: Te crees muy
listo, y estás lleno de pecado. ¡Fuera de la Sinagoga, fuera! ¡Ya no eres
judío!
NARRADOR: Oyó Jesús que lo
habían expulsado, lo encontró y le dijo:
JESÚS: ¡Oye, escucha! ¿Crees
en el Hijo del Hombre?
CIEGO: ¿Y quién es, Señor,
para que crea en él?
JESÚS: Lo estás viendo. Es
el que habla contigo.
CIEGO: Creo, Señor.
JESÚS: Para un juicio he
venido yo al mundo: para que los que no ven, vean y los que ven, se queden
ciegos.
SACERDOTE: ¿También nosotros
estamos ciegos?
JESÚS: Si fuerais ciegos, no
tendríais pecado; pero, como decís que veis, vuestro pecado sigue ahí.
Elaborado por: Fr. Emilio Díez
Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández
Tercer Domingo de Cuaresma
Diálogo con la Samaritana - Juan 4, 5-42
En aquel tiempo llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado
Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José: allí estaba el manantial
de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial.
Era alrededor del mediodía. Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le
dice: - Dame de beber. (Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar
comida). La samaritana le dice: - ¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a
mí, que soy samaritana? (porque los judíos no se tratan con los samaritanos).
Jesús le contestó: -Si conocieras el don de Dios y quien es el que te pide de
beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva. La mujer le dice: -Señor, si no
tienes cubo y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que
nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo y de él bebieron él y sus hijos y
sus ganados? Jesús le contesta: - El que bebe de esta agua vuelve a tener sed;
pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed: el agua que yo
le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la
vida eterna. La mujer le dice: -Señor, dame de esa agua: así no tendré más sed,
ni tendré que venir aquí a sacarla. Veo que eres un profeta. Nuestros padres
dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar
culto está en Jerusalén. Jesús le dice: - Créeme mujer, se acerca la hora en
que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto
a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la
salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los
que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y en verdad. La
mujer le dice: -Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga él nos lo
dirá todo. Jesús le dice: - Soy yo: el que habla contigo. En aquel pueblo
muchos samaritanos creyeron en él. Así cuando llegaron a verlo los samaritanos,
le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó dos días. Todavía creyeron
muchos más por su predicación, y decían a la mujer: -Ya no creemos por lo que
tú dices, nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el
Salvador del mundo.
Explicación
De siglos venía la enemistad entre los judíos y los
samaritanos; por eso, cuando vieron a Jesús hablando con una samaritana se
extrañaron mucho. Pero Jesús, al hablar con la samaritana, les enseñó que para
amar y adorar a nuestro Padre Dios, no hace falta ni se requiere un templo
especial, porque Dios es espíritu, y es menester que le adoremos en espíritu y
verdad, esto es. Desde el fondo de nuestro corazón.
Evangelio dialogado (Jn. 4, 5-42)
NARRADOR: En aquel tiempo llegó Jesús a un pueblo de Samaria
llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José: allí estaba el
manantial de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al
manantial. Era el mediodía, sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar
comida.
Llega una mujer Samaritana a sacar agua y, al ver a Jesús,
se queda quieta (los judíos y los samaritanos no se hablan) con el cántaro en
la mano.
JESÚS: Mujer, dame de beber.
SAMARITANA: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí
que soy Samaritana?
JESÚS: Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide
de beber, le pedirías tú y él te daría agua viva.
SAMARITANA: Señor, si no tienes cubo y el pozo es hondo, ¿de
dónde sacas el agua viva? ¿Eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio
este pozo y de él bebieron él, sus hijos y sus ganados?
JESÚS: El que bebe de esta agua vuelve a tener sed, pero el
que beba del agua que yo le daré, nuncajamás tendrá sed: El agua que yo le daré se convertirá dentro de él en
un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.
SAMARITANA: Señor, dame de esa agua: Así no tendré más sed,
ni tendré que venir aquí a sacarla.
JESÚS: Anda llama a tu marido y vuelve.
SAMARITANA: ¿Pero... si yo no tengo marido!
JESÚS: Tienes razón al decir que no tienes marido. Has
tenido ya cinco y el de ahora no es tu marido.
SAMARITANA: Señor, veo que eres un Profeta. Nuestros padres
dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar
culto está en Jerusalén.
JESÚS: Créeme, mujer. Se acerca la hora en que ni en este
monte, ni en Jerusalén daréis culto a Dios.
SAMARITANA: Es que...
JESÚS: Vosotros dais culto a uno que no conocéis, nosotros
adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. pero se
acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero,
adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto
así.
SAMARITANA: Porque Dios es Espíritu, ¿verdad?
JESÚS: Y los que dan culto deben hacerlo en espíritu y
verdad.
SAMARITANA: Sé que ha venir el Mesías, el Cristo. Cuando
venga Él no lo dirá todo.
JESÚS: Yo soy: el que habla contigo.
NARRADOR: En esto llegaron los discípulos y se extrañaban de
que estuviese hablando con una mujer, aunque ninguno le preguntó de qué
hablaban.
La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a
la gente: Venid a ver a u hombre que me ha dicho todo lo que he hecho: ¿será
acaso el Mesías? Y salieron del pueblo adonde estaba Él.
DISCÍPULO: Maestro, come...
JESÚS: Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y
llevar a término su obra.
DISCÍPULO: ¿Qué quieres decir, Maestro? ¿Puedes aclarárnoslo
con algún ejemplo?
JESÚS: ¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses
para la siega? Yo os digo esto: Levantad los ojos y contemplad los campos. Ya
están dorados para la siega. El segador ya está recibiendo el salario y
almacenando fruto para la vida eterna; y así se alegran lo mismo sembrador que
segador.
DISCÍPULO: Maestro, por eso tiene razón el proverbio que
dice: uno siembra y otrosiega.
JESÚS: En efecto. Yo os enviaré a segar lo que no habíais
sudado... otros sudaron y vosotros recogisteis el fruto de sus sudores.
NARRADOR: En aquel pueblo muchos creyeron en él, por el
testimonio de la mujer.
SAMARITANO: Maestro, queremos escucharte. Quédate con
nosotros.
NARRADOR: Jesús se quedó dos días. Creyeron muchos más por
su predicación, y todos proclamaban:
SAMARITANO: Creemos que eres el Mesías, el Salvador del
mundo.
Elaborado por: Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa
Fernández