jueves, 18 de junio de 2026

Mercadillo solidario

Esta mañana hemos hecho entrega a Cáritas de Binéfar el dinero recaudado en el mercadillo solidario organizado por los alumnos de 6⁰ de Religión Católica (826,81€) y en el que ha participado toda la comunidad educativa. ¡Muchas gracias a todos por colaborar!











lunes, 8 de junio de 2026

"La farisea y la publicana"

Durante esta semana Celia y Martina están representando a otros compañeros su adaptación de la parábola El fariseo y el publicano que contaba Jesús, con la importante enseñanza de mostrarnos siempre humildes.







domingo, 7 de junio de 2026

Evangelio Domingo 7 de junio

Solemnidad del Corpus Christi

Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 51-58

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:

«Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo».

Disputaban los judíos entre sí:

«Cómo puede este darnos a comer su carne?».

Entonces Jesús les dijo:

«En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.

Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí.

Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».







Explicación

La solemnidad del Corpus Christi nos recuerda la singular y particular importancia que Jesús daba al comer juntos en torno a una misma mesa. Las comidas de Jesús fueron gestos y acciones proféticas. Quien se aproxima al Misterio de Jesús no puede eludir el profundo significado religioso y el valor transcendente que el mismo Jesús quiso imprimir a la comensalidad. Sirvan como ejemplo los relatos de la multiplicación de los panes y los peces, las bodas de Caná, la conversación entre Jesús y la sirio-fenicia, la comida en la casa de Simón…

Cuando los seguidores de Jesús se volvieron a reunir tras su muerte, ahora ya sin Jesús, con la sola fuerza en la convicción de su nueva presencia resucitada, hasta el punto que podemos hablar de la comunidad del Resucitado, lo hacen, como nos relatan los textos del Nuevo Testamento, celebrando una comida y partiendo y repartiendo el pan, tal como lo habían visto hacer al mismo Jesús. Es más, las narraciones sobre Jesús, que después pasaron a ser relatos a cerca de Jesús, origen de los Evangelios, se fraguaron en estas comidas de fraternidad.

El sencillo pueblo cristiano, y en lucha frente a las autoridades eclesiásticas, comprendió de una forma más plena y auténtica el sentido profundo de la Cena del Señor hasta el punto que, llevado de su ‘sentido de la fe’, consiguió durante la Edad Media europea hacer de la celebración vespertina del Jueves Santo, la Cena del Señor, una solemnidad particular, pasado el tiempo de Pascua, para realzar y celebrar con total alegría y regocijo la institución de la Eucaristía, esto es, el memorial por el cual Jesús se hace ‘real’, simbólica y sacramentalmente, bajo las especies y signos de pan y de vino en torno a una mesa compartida.
Fray Manuel Jesús Romero Blanco O.P.






lunes, 25 de mayo de 2026

Evangelio Domingo 31 de mayo

Diálogo con Nicodemo - Juan 3, 16-18

En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: -Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él, no será condenado; pero el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.

Explicación

Hoy Jesús, hablando con un fariseo que se llamaba Nicodemo, nos enseña tres cosas: La primera, que Dios Padre nos ama y nos ha enviado a su Hijo Jesucristo. La Segunda que Jesús ha venido a salvarnos. Y la tercera que Dios es vida para los que creemos en él porque nos anima el Espíritu Santo.

Elaborado por: Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández






lunes, 18 de mayo de 2026

Evangelio Domingo 24 de mayo

PENTECOSTÉS - Recibid el Espíritu Santo - Juan 20, 19-23

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. En esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: -Paz a vosotros. Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: - Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así os envío yo. Y dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: -Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.

Evangelio dialogado

Domingo de Pentecostés –ciclo C- (Jn 20,19-23)

Narrador: Escuchad, amigos y amigas, voy a contaros lo que sucedió tras la resurrección de Jesús. Los discípulos estaban en una casa, con las puertas cerradas, por miedo a los judíos.

Discípulo1: ¿Y qué habían hecho los judíos para tenerles miedo?

Narrador: Acusaron a Jesús falsamente y consiguieron que Pilato le condenara a morir en la cruz.

Discípulo2: Y los discípulos temían que se les acusara también. ¡Qué cobardes!

Narrador: ¿Qué haríamos en su lugar? Jesús era su fuerza y su refugio. Además ellos soñaban con un Mesías victorioso. De hecho, lo abandonaron todo por seguirle, y ¡menuda decepción! Sin embargo, escuchad: Ha anochecido, es el día primero de la semana… Y de repente una voz les sorprende y les dice:

Jesús: ¡Paz a vosotros!

Discípulos: Es el Maestro, es el Señor… ¡Ha resucitado!... no es posible.

Jesús: No tengáis miedo. Mirad mis manos, mirad mi costado. Soy yo, Jesús, el Maestro.

Discípulo1: ¡Qué bien, Maestro…, has vuelto Jesús!

Discípulo2: Tu presencia nos anima y reconforta, ¡ya no tenemos miedo! ¡Qué alegría tenerte aquí!

Discípulo1: Sí, sí, qué alegría. Gracias por acordarte de nosotros.

Jesús: Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Recibid el Espíritu Santo.

Discípulo2: Perdona, Maestro...pero... ¿para qué queremos nosotros a ese Espíritu?

Discípulo1: ¡Claro!, alguien tendrá que ayudarnos... iluminarnos... guiarnos y... cambiarnos por dentro ¿no crees? … ¡Falta nos hace!

Narrador: Y Jesús queriendo darles confianza y ánimo, les dice:

Jesús: A quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados y a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.

Elaborado por: Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández

 

Explicación

Cuando mataron a Jesús, sus amigos pasaron mucho miedo y se escondieron. Pero él, para ayudarles, volvió a su lado y les dijo: No tengáis miedo, ni os acobardéis. Al contrario tened en vuestro corazón y en vuestras manos las llaves de la paz, y con ella abrid a todos las puertas de la alegría y la paz. Y diciendo esto les comunicó su Espíritu, es decir su Amor, para que fueran mensajeros de amistad y unidad entre las personas.

Elaborado por: Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández






                               


martes, 12 de mayo de 2026

Evangelio Domingo 17 de mayo

La Ascensión - Mateo 28, 16-20

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo ellos se postraron, pero algunos vacilaban. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: -Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.









Explicación

En sus últimas recomendaciones a sus discípulos, Jesús les envió a ser testigos y anunciadores del evangelio por todo el mundo, haciendo discípulos y enseñándoles todo lo que él les había enseñado.

Elaborado por: Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández