lunes, 20 de abril de 2026

Evangelio Domingo 26 de abril

El Buen Pastor - Juan 10, 1-10

En aquel tiempo dijo Jesús a los fariseos: -Os aseguro que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es el pastor de las ovejas. A éste le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz: a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños. Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús: -Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará, y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundantemente.

Explicación

Jesús es el Buen Pastor porque conoce a sus ovejas, que somos nosotros, y da su vida por nosotros. Todos los que seguimos a Jesús tenemos que interesarnos por sus ovejas, o sea, por nuestros hermanos y amigos y aunque nos cueste ayudarles cuando nos necesiten.

Evangelio dialogado

CUARTO DOMINGO DE PASCUA – “A” (Jn. 24, 13-35)

DISCÍPULO 1: Maestro, ¿te parece bueno el rey Herodes?

DISCÍPULO 2: ¡Qué tonterías se te ocurren! El rey Herodes mandó matar a Juan el Bautista, ¿cómo va a ser bueno?

DISCÍPULO 1: Y el Sumo Sacerdote, ¿te parece bueno el Sumo Sacerdote?

DISCÍPULO 2: ¿Está bobo o qué? Todos sabemos que el Sumo Sacerdote se ha hecho rico gracias al templo.

DISCÍPULO 1: Entonces... ¿cómo tiene que ser un jefe para considerarle bueno?

JESÚS: Tiene que ser como un buen pastor.

DISCÍPULO 2: ¿Un pastor?

JESÚS: Eso he dicho, un pastor. Pero quizá esos amigos fariseos también quieren escuchar la explicación.

DISCÍPULO 1: No te fíes de ellos, Maestro, esos sí que son malos. Hemos oído algo de un pastor. ¿Podemos saber de qué pastor se trata?

JESÚS: Hablaba de los buenos pastores.

DISCÍPULO 2: ¿Qué hace un buen pastor?

JESÚS: Un buen pastor entra por la puerta a cuidar sus ovejas.

DISCÍPULO 1: Claro, por la ventana entran los ladrones.

JESÚS: Las ovejas conocen la voz del buen pastor, y él las llama por su nombre.

DISCÍPULO 2: Los ladrones no saben el nombre de las ovejas, ni les interesa, sólo quieren robarlas.

JESÚS: El buen pastor saca a pacer a sus ovejas... y va delante de ellas. Y Las ovejas le siguen porque conocen su voz.

DISCÍPULO 1: ¿Y a qué viene todo ese rollo de ovejas y pastores?

JESÚS: Un buen jefe tiene que ser pastor y puerta de sus ovejas.

DISCÍPULO 2: ¿Pastor, puerta? ¡No entiendo nada!

 JESÚS: Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas.

DISCÍPULO 1: Y todos los que han venido antes que tú... ¿qué son?

JESÚS: Son ladrones y bandidos.

DISCÍPULO 2: ¿Sí? ¿Todos? ¿Seguro?

JESÚS: Pero las ovejas no les escucharon.

DISCÍPULO 1: Entonces... ¿Tú eres la puerta?

JESÚS: Y quien entre por mí, se salvará. Y podrá entrar y salir, claro.

DISCÍPULO 2: ¿Y encontrará pastos?

JESÚS: Desde luego. ¿Para qué entra un ladrón en el establo?

DISCÍPULO 1: Para robar y para matar.

JESÚS: Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante.

Elaborado por: Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández



 

 

 

 

lunes, 13 de abril de 2026

Evangelio Domingo 19 de abril

Los Discípulos de Emaús - Lucas 24, 13-35

Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. Él les dijo: - ¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino? Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replicó: - ¿Eres tú el único forastero de Jerusalén que no sabes lo que ha pasado allí estos días? Él les preguntó: - ¿Qué? Ellos le contestaron: -Lo de Jesús el Nazareno, que fue profeta poderoso en obras y palabras ante Dios y todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves, hace dos días que sucedió esto. Es vedad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues fueron muy de mañana al sepulcro, y no encontraron el cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les habían dicho que estaba vivo. Alguno de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no le vieron. Entonces Jesús les dijo: - ¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria? Y comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas les explicó lo que refería a él en toda la Escritura. Ya cerca de la aldea donde iban, él hizo ademán de seguir adelante, pero ellos le apremiaron diciendo: -Quédate con nosotros porque atardece y el día va de caída. Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se le abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció. Ellos comentaron: - ¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras? Y levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón. Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.


Explicación
Después de resucitar Jesús, se apareció a unos discípulos que iban a una aldea que se llamaba Emaús. Los discípulos al principio no le reconocieron,  y Jesús se puso a hablar con ellos y, sin que se dieran cuenta, les iba explicando lo que le había ocurrido en su pasión. Cuando llego la hora de cenar, Jesús tomo el pan, lo bendijo y se lo dio. ¡Entonces lo reconocieron! ¡Es Jesús, es Jesús! Y retornaron a Jerusalén, para contárselo a los apóstoles.

Evangelio dialogado

TERCER DOMINGO DE PASCUA – “A”( Lc  24, 13-35)

NARRADOR: ¿Queréis que os cuente una historia de Jesús?

NIÑOS: ¡Sí! ¡Sí! ¡Muy bien! ¡Estupendo!

NARRADOR: Es una historia que cuenta el evangelista Lucas. Y sucedió pocos días después de que crucificaran a Jesús...

NIÑO 1º: Le crucificaron los judíos.

NIÑO 2º: Le crucificaron los romanos.

NIÑO 1º: Sí, pero los judíos entregaron a Jesús a los romanos.

NIÑO 2º: Y dijeron de Él muchas mentiras.

NARRADOR: Bueno, bueno, no todos los judíos hicieron eso.

NIÑO 1º: Claro los más malos eran los "jefazos": sumos sacerdotes y fariseos.

NIÑO 2º: Yo sé que cuando murió Jesús, sus amigos se escondieron porque tenían miedo. Pensaban que Jesús era el Mesías y no podía morir.

NIÑO 1º: Pero Jesús resucitó al tercer día. Y se apareció a María Magdalena. Pero los brutos de los Apóstoles no la creyeron cuando se lo dijo.

NARRADOR: Bien, bien, es estupendo que sepáis tantas cosas de Jesús, pero... ¿y mi historia?

NIÑOS: ¡Vale, vale, cuéntanosla!

NARRADOR: Os iba diciendo que por aquellos días, dos amigos de Jesús caminaban hacia Emaús. Era éste un pueblecito que está a unos kilómetros de Jerusalén. Iban hablando de las mismas cosas que habéis hablado vosotros. Entonces vieron a un hombre que se puso a caminar a su lado.

NIÑO 1º: ¿Era un fantasma?

NARRADOR: ¡Qué va! Era... un hombre normal. Les preguntó de quién hablaban y casi se enfadaron con él.

NIÑO 2º: ¿Por qué?

NARRADOR: Porque no parecía saber nada de Jesús, y para ellos Jesús era muy importante. Entonces le contaron todo lo que había pasado.

NIÑO 1º: ¿Y qué dijo el hombre?

NARRADOR: El hombre les explicó lo que decían de Jesús las Escrituras, que cuentan la historia del pueblo de Dios.

NIÑO 2º: Seguro que los amigos de Jesús estarían felices escuchándole.

NARRADOR: Tan felices que, como ya atardecía y llegaban a Emaús, le invitaron a cenar con ellos.

NIÑOS: ¿Y se quedó?

NARRADOR: Pues sí. Y al bendecir el pan y repartírselo, se dieron cuenta... ¡Era Jesús! Entonces... desapareció.

NIÑO 2º: Pero... ¿Cómo es posible que no le reconocieran?

NARRADOR: Estaban tan convencidos de que lo habían visto muerto, que no dudaban que todo había acabado para Jesús. Pero el caso es que los dos amigos se pusieron muy, muy contentos de haber visto a Jesús. Y corrieron otra vez a Jerusalén a contárselo a todos.

NIÑOS: ¿Y le creyeron?

NARRADOR: Esta vez sí, porque Jesús también se había aparecido a Pedro.

Elaborado por: Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández





                         





martes, 7 de abril de 2026

Evangelio Domingo 12 de abril

Domingo, 12 de abril. Apariciones a los discípulos - Juan 20, 19-31

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa con las puertas cerradas, por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: -Paz a vosotros. Y diciendo esto, les enseño las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: -Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Y dicho esto exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: -Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos. Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: Hemos visto al Señor. Pero él les contestó: -Si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo. A los ocho días estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: -Paz a vosotros. Luego dijo a Tomás: -Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Contestó Tomás: -¡Señor mío y Dios mío! Jesús le dijo: - ¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto. Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su Nombre.

Explicación

A los ocho días de resucitar, Jesús se apareció a los apóstoles, pero faltaba uno Tomás. Al llegar él, le contaron todos a la vez lo de la aparición. Pero Tomás les dijo: -Explicádmelo todo lo que queráis, pero si no toco sus heridas de las manos y del costado, no creeré que es él. Ocho días después llegó Jesús y le dijo a Tomás: -¿Toma mis manos y mi costado. Tomás exclamo: -¡Señor mío y Dios mío! Y Jesús le dijo: -¿Has tenido que ver para creerme? Mejor habría sido que hubieras creído en sus palabras.

Evangelio dialogado

SEGUNDO DOMINGO DE PASCUA – “A” (Jn. 20, 19-31)

NARRADOR: Estaba anocheciendo. Por la mañana corrieron rumores de que el cuerpo de Jesús había desaparecido del sepulcro. Pedro y Juan lo confirmaron. ¿Será verdad que ha resucitado? Los discípulos se han reunido en una casa... Tienen miedo a los judíos. Han cerrado bien las puertas. De pronto...

JESÚS: ¡Paz a vosotros!

APÓSTOLES: ¡Es Él! ¡Es Jesús! ¡Ha resucitado! ¡Era verdad!

JESÚS: ¡Paz a vosotros! Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Recibid el Espíritu Santo... A quienes perdonéis los pecados les quedan perdonados... y a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.

NARRADOR: Jesús desapareció de su vista. Al momento se oyeron unos golpes en la puerta. Alguien llamaba. ¿Quién será...? ¡Es Tomás!

TOMÁS: ¿Qué os pasa? Tenéis cara de asustados.

APÓSTOL 1º: ¡Ha venido el Maestro! ¡Sí, se nos ha aparecido!

APÓSTOL 2º: Sí, sí, ha hablado con nosotros.

TOMÁS: Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado... no lo creo.

NARRADOR: Así quedaron las cosas. No pudieron convencer a Tomás de que Jesús había resucitado. A los ocho días estaban otra vez reunidos los discípulos y Tomás entre ellos. Las puertas seguían cerradas por miedo a los judíos, cuando... aparece Jesús.

JESÚS: ¡Paz a vosotros! ¡Paz a vosotros! Tomás: Trae tu dedo, aquí tienes mis manos. Trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.

TOMÁS: ¡Señor mío y Dios mío!

JESÚS: ¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.

NARRADOR: Muchos otros signos, que no están escritos en este libro hizo Jesús a la vista de sus discípulos. Estos están escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios y, para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

Elaborado por: Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández




lunes, 23 de marzo de 2026

Semana cultural El Periódico

Comienza la semana cultural con la temática EL PERIÓDICO en el CEIP Víctor Mendoza. Desde el área de Religión Católica los alumnos de sexto expondrán su trabajo sobre el Periódico El Caldero, que trata de nuestras fiestas religiosas y tradiciones populares. EL PERIÓDICO: DE LA IMPRENTA AL QUIOSCO. 🗞️📰🗞️❤️❤️❤️























domingo, 15 de marzo de 2026

Evangelio Domingo 22 de marzo

Quinto Domingo de Cuaresma

Resurrección de Lázaro - Juan 11, 1-45

En aquel tiempo, las hermanas de Lázaro le mandaron recado a Jesús, diciendo: - Señor tu amigo está enfermo. Jesús al oírlo dijo: - Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella. Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, se quedó todavía dos días en donde estaba. Sólo entonces dice a sus discípulos: -Vamos otra vez a Judea. Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús: - Señor si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá. Jesús le dijo: - Tu hermano resucitará. Marta respondió: Sé que resucitará en la resurrección del último día. Jesús le dice: - Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto vivirá; y el que vive y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto? Ella le contestó: - Si, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo. Jesús muy conmovido preguntó: - ¿Dónde lo habéis enterrado? Le contestaron: - Señor, ven a verlo. Jesús se echó   a llorar. Los judíos comentaban: - ¡Cómo lo quería! Pero algunos dijeron: -Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera éste? Jesús sollozando de nuevo, llegó a la tumba (Era una cavidad cubierta con una losa.) Dijo Jesús: - Quitad la losa Marta, la hermana del muerto, le dijo: -Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días. Jesús le dijo: - ¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios? Entonces quitaron la losa, Jesús, levantando los ojos a lo alto dijo: - Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea para que crean que tú me has enviado. Y dicho esto, gritó con voz potente: -Lázaro, ven afuera. El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: -Desatadlo y dejadlo andar. Y muchos judíos que habían venido a casa de María al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

Explicación

Hoy vemos como gracias a Jesús se da la victoria de la vida sobre la muerte. Jesús recibe el recado de que su amigo Lázaro está enfermo y dos días después va a verlo, pero cuando llegó ya había muerto hacia cuatro días. Jesús, que lo quería mucho fue llorando, con Marta la hermana de Lázaro hasta la tumba. Entonces oro al Padre dándole gracias y después grito: ¡Lázaro ven afuera! Y Lázaro resucitó.

Evangelio dialogado

QUINTO DOMINGO DE CUARESMA – “A” (Jn. 11, 1-45)

NARRADOR: En aquel tiempo las hermanas Marta y María le mandaron a Jesús diciendo: Tu amigo Lázaro está muy enfermo.

JESÚS: Esta enfermedad no acabará con la muerte. Servirá para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.

NARRADOR: Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro, pero se quedó todavía dos días en donde estaba, terminando lo que tenía que hacer. Sólo después se encaminó hacia Judea. Y les dijo a los discípulos:

JESÚS: Lázaro, nuestro amigo, está dormido: voy a despertarlo.

DISCÍPULO: Señor, si duerme, se salvará, se pondrá bien.

JESÚS: Lázaro ha muerto. Ahora vamos a su casa, y me alegro que me acompañéis, para que veáis el poder de Dios y creáis.

NARRADOR: Cuando llegó Jesús, Lázaro llevaba cuatro días enterrado.

MARÍA: ¡Maestro, Maestro! ¿Cómo no has venido antes?

MARTA: Si hubieras estado aquí, ahora estaría vivo, no le habrías dejado que muriera. Pero yo sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá.

JESÚS: Tu hermano resucitará.

MARTA: Sé que resucitará en la resurrección del último día.

JESÚS: Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees tú esto?

MARTA: Sí, Señor. Yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios. El que tenía que venir al mundo.

JESÚS: ¿Dónde le habéis enterrado?

MARÍA: Aquí cerca. Ven a verlo.

NARRADOR: Jesús se echó a llorar, y la gente comentaba: ¡cómo le quería! Otros murmuraban: ¿no podía haber impedido que muriera éste? Jesús sollozando llegó a la tumba y dijo:

JESÚS: ¡Quitad la losa!

MARTA: Señor, huele mal. Lleva ahí cuatro días.

JESÚS: ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?

NARRADOR: Los judíos se dispusieron a quitar la losa. Jesús, ante el pueblo, levantó los brazos al Cielo en oración:

JESÚS: Padre, te doy gracias porque me has escuchado. Yo sé que Tú me escuchas siempre, pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que Tú me has enviado.

NARRADOR: Y dicho esto, gritó con voz potente:

JESÚS: ¡Lázaro...! ¡Sal fuera!

NARRADOR: El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario.

JESÚS: Desatadlo y dejadle andar.

NARRADOR: Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en Él.

Elaborado por: Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández 

 

 

viernes, 6 de marzo de 2026

Evangelio Domingo 15 de marzo

Cuarto Domingo de Cuaresma

Curación del ciego de nacimiento - Juan 9, 1-41 

En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Jesús escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego, y le dijo: -Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado). Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: -¿No es ése el que se sentaba a pedir? Unos decían: - El mismo Otros decían: No es él, pero se le parece. El respondía: -Soy yo. Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. (Era sábado el día que Jesús hizo el barro y le abrió los ojos.) También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó: -Me puso barro en los ojos, me lavé y veo. Algunos de los fariseos comentaban: -Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado. Otros replicaban: -¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos? Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: -Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos? Él contestó: -Que es un profeta Le replicaron: -Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros? Y lo expulsaron. Oyo Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: -¿Crees tú en el Hijo del hombre? Él contestó: - ¿Y quién es, Señor, para que crea en él? Jesús le dijo: -Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es. Él dijo: -Creo, Señor. Y se postró ante él.

Explicación

En una ocasión Jesús se topó con un ciego de nacimiento. Jesús hizo barro se lo untó en los ojos y le mandó lavarse. Él fue y volvió viendo. También en nuestro bautismo nos lavaron los ojos del alma para poder ver a Jesús y para creer en él. Por el bautismo tenemos la luz que nos ilumina en nuestro camino.

 

Evangelio dialogado

CUARTO DOMINGO DE CUARESMA – “A”(Jn. 9, 1-41)

NARRADOR: En aquel tiempo, al pasar Jesús vio un hombre ciego de nacimiento, que pedía limosna.

CIEGO: ¡Una limosna para este pobre ciego de nacimiento! ¡Por piedad, una limosna!

DISCÍPULO: Maestro ¿quién pecó, éste o sus padres para que naciera ciego?

JESÚS: Ni pecó éste ni sus padres. Es ciego para que todos sepan que yo soy la luz del mundo.

NARRADOR: Jesús llega hasta el ciego, se inclina, escupió en la tierra, hizo barro y se lo puso en los ojos.

JESÚS: Amigo, ve a lavarte a la piscina de Siloé.

DISCÍPULO: Maestro ¿en quién confía el ciego para obedecerte?

¿En ti o en la medicina?

JESÚS: Ha confiado en mí, eso le curará. Vámonos, que nos esperan.

NARRADOR: El ciego fue, se lavó y volvió con vista.

CIEGO: ¡Veo...! ¡Veo...! ¡Veo...! ¡Veo...!

NARRADOR: Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban:

VECINO: ¿Es ése el que se sentaba a pedir? Se le parece mucho.

CIEGO: ¡Sí, sí, sí... soy yo!

VECINO: ¿Y cómo es que ahora ves?

CIEGO: Ese hombre al que llaman Jesús, hizo barro, me lo puso en los ojos, dijo que fuera a Siloé a lavarme, me lavé, y ya veo.

VECINO: ¿Dónde está él?

CIEGO: No lo sé.

NARRADOR: Los vecinos llevaron ante los fariseos al que había sido ciego.

VECINO: Sacerdotes, Fariseos, hoy es sábado y un tal Jesús ha curado a este ciego de nacimiento.

SACERDOTE: ¿Cómo ha sucedido?

CIEGO: Me puso barro en los ojos, me lavé y veo.

SACERDOTE: Si viniera de Dios guardaría el sábado. Todo el que diga que Jesús es el Mesías, será expulsado de la sinagoga ¿Y tú, ciego, que piensas de él?

CIEGO: Seguro que es un Profeta.

NARRADOR: El enfado de los sacerdotes iba a más. Veían que más y más gente creían en Él

SACERDOTE: Éste nos toma el pelo. ¡Llamad a sus padres!

PADRES: Sabemos que es nuestro hijo, y que nació ciego... Pero no sabemos quién le ha curado y por qué. Preguntádselo a él. ¡Ya es mayorcito!

SACERDOTE: Tú, ¡contesta! ¿Por qué ves ahora?

Confiesa que Jesús es un pecador.

CIEGO: Si es un pecador, no lo sé. Sólo sé que era ciego y ahora veo.

SACERDOTE: ¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos?

CIEGO: Os lo he dicho ya. ¿Es que queréis ser discípulos suyos?

SACERDOTE: ¡Eso lo serás tú! Nosotros somos discípulos de Moisés. A Moisés le habló Dios. Pero éste...

¿de dónde viene?

CIEGO: Vosotros decís que Dios no escucha a los malos, sino a los buenos. Si Jesús no viniera de Dios... ¡No podría hacer milagros!

SACERDOTE: Te crees muy listo, y estás lleno de pecado. ¡Fuera de la Sinagoga, fuera! ¡Ya no eres judío!

NARRADOR: Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo:

JESÚS: ¡Oye, escucha! ¿Crees en el Hijo del Hombre?

CIEGO: ¿Y quién es, Señor, para que crea en él?

JESÚS: Lo estás viendo. Es el que habla contigo.

CIEGO: Creo, Señor.

JESÚS: Para un juicio he venido yo al mundo: para que los que no ven, vean y los que ven, se queden ciegos.

SACERDOTE: ¿También nosotros estamos ciegos?

JESÚS: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; pero, como decís que veis, vuestro pecado sigue ahí.

Elaborado por: Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández