Se acercaban a Jerusalén, por
Betfagé y Betania, junto al monte de los Olivos, y Jesús mandó a dos de sus
discípulos, diciéndoles: - Id a la aldea de enfrente, y cuando entréis,
encontraréis un borrico atado, que nadie ha montado todavía. Desatadlo y traedlo.
Y si alguien os pregunta por qué lo hacéis, contestadle: "El Señor lo
necesita", y lo devolverá pronto. Fueron y encontraron el borrico en la
calle atado a una puerta; y lo soltaron. Algunos de los presentes les
preguntaron: - ¿Por qué tenéis que desatar el borrico? Ellos les contestaron
como había dicho Jesús; y se lo permitieron. Llevaron el borrico, le echaron
encima los mantos, y Jesús se montó. Muchos alfombraron el camino con sus
mantos, otros con ramas cortadas en el campo. Los que iban delante y detrás,
gritaban: - ¡Viva, bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito el reino
que llega, el de nuestro padre David! ¡Viva el Altísimo!
Explicación
Jesús entró en Jerusalén montado
en un asno y fue aclamado por toda la gente que le recibió diciendo: ¡Bendito
el que viene en nombre del Señor Dios!. ¡Bendito el que viene a salvarnos! Los
amigos de Jesús, de todos los tiempos y lugares, celebramos una vez al año esta
fiesta del Domingo de Ramos y nos preparamos para vivir con él la semana más
importante de los amigos de Jesús, que se llama Semana Santa.
Elaborado por: Fr. Emilio Díez
Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández
Próximos a celebrar la fiesta de San José en éste su año, Fano nos regala estos dibujos siguiendo la carta Patris Corde del Papa Francisco sobre San José. Muchas gracias por tu generosidad.
Jesús anuncia su glorificación
por la muerte - Juan 12, 20-23
En aquel tiempo, entre los que
habían venido a celebrar la fiesta había algunos gentiles; éstos, acercándose a
Felipe, el de Betsaida de Galilea, le rogaban: - Señor, quisiéramos ver a
Jesús. Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a
Jesús. Jesús les contestó: - Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo
del hombre. Os aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda
infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama así mismo, se pierde, y
el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guarda para la vida eterna. El
que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi
servidor; a quien me sirva, el Padre le premiará. Ahora mi alma está agitada, y
¿qué diré? : Padre, líbrame de esta hora. Pero si por esto he venido, para esta
hora, Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: - Lo he
glorificado y volveré a glorificarlo. La gente que estaba allí y lo oyó decía
que había sido un trueno; otros decían que le había hablado un ángel. Jesús
tomó la palabra y dijo: - Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros.
Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el príncipe de este mundo va a ser
echado fuera. Y cuando sea yo elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia
mí. Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba a morir.
Explicación
Un día Jesús dijo a Felipe y a
Andrés, dos amigos suyos, que sólo cuando el grano de trigo que se siembra en
la tierra, se pudre y se muere dentro de ella, puede renacer y llegar a ser una
espiga llena de vitalidad. Les quiso decir que si querían hacer mucho bien,
tenían que morir a sus caprichos y pensar en los demás, y dejar de pensar en
triunfalismos y en grandes reinos. Después les invitó a seguirle.
Elaborado por: Fr. Emilio Díez
Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández
En aquel tiempo dijo Jesús a
Nicodemo: - Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene
que ser elevado el Hijo del Hombre, para que todo el que cree en él tenga vida
eterna. Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que no
perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque
Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo
se salve por él. El que cree en él, no será condenado; el que no cree, ya está
condenado, porque no ha creído en el Hijo único de Dios. Esta es la causa de la
condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a
la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra perversamente
detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras.
En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus
obras están hechas según Dios.
Explicación
Cuando somos egoístas, violentos
y aprovechados llenamos de oscuridad y dolor la vida de los demás y la nuestra.
No tenemos nada que ver con Jesús que lleno de bondad, de generosidad y
solidario con todos, llenaba de luz sus vidas. Jesús choca con la oscuridad. Y
nosotros ¿cuándo somos luz? ¿cuándo somos de Jesús?.
En aquel tiempo se acercaba la
Pascua de los Judíos y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los
vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo
un azote con cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los
cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendías
palomas les dijo: - Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de
mi Padre. Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: "El celo de
tu casa me devora" Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: -
¿Qué signos nos muestras para obrar así? Jesús contestó: - Destruid este
templo, y en tres días lo levantaré. Los judíos replicaron: - Cuarenta y seis
años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?
Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y cuando resucitó de entre los
muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la
Escritura y a la palabra que había dicho Jesús. Mientras estaba en Jerusalén
por la fiesta de la Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que
hacía; pero Jesús no se confiaba con ellos, porque los conocía a todos y no
necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay
dentro de cada hombre.
Explicación
Jesús se enfadó mucho con los que
habían convertido el Templo de Jerusalén en una gran superficie de
comerciantes, cambistas de monedas y aprovechados, y les dijo, arrojando por
los suelos sus mostradores: Quitad todo esto de aquí, porque este es un lugar
es de oración sencilla y confiada con Dios.
Elaborado por: Fr. Emilio Díez
Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández
En aquel tiempo, Jesús se llevó a
Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se
transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco
deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron
Elías y Moisés conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo
a Jesús: - Maestro. ¡Qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres chozas, una para
ti, otra para Moisés y otra para Elías. Estaban asustados, y no sabían lo que
decían. Se formó una nube que los cubrió y salió una voz de la nube: - Este es
mi Hijo amado; escuchadlo. De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más
que a Jesús, solo con ellos. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: No
contéis a nadie lo que habéis visto hasta que el Hijo del hombre resucite de
entre los muertos. Esto se les quedó grabado y discutían qué querría decir
aquello de resucitar de entre los muertos.
Explicación
Un día Jesús compartió con sus
amigos un secreto y les dijo que después de morir vencería a la muerte y
resucitaría. Esto se lo manifestó para darles ánimos, de tal modo que cuando le
vieran morir en la cruz no perdieran la esperanza del todo y recordaran lo del
monte Tabor, cuando él se les apareció revestido de luz.
Evangelio dialogado
APÓSTOL 1: Maestro, ¿dónde
vamos? Por aquí no hay ningún pueblo.
APÓSTOL 2: El camino es
cada vez más difícil. Estamos muy cansados.
APÓSTOL 1: ¡Tengo los pies
hechos polvo!
APÓSTOL 2: ¡Yo no puedo
dar un paso más!
JESÚS: Está bien, podéis
descansar en la fuente que hemos dejado hace un momento.
APÓSTOL 1: Gracias,
Maestro. Y tú ¿qué vas a hacer?
JESÚS: Voy a subir a ese
monte de ahí.
APÓSTOL 2: ¡Está muy
lejos! Tardarás más de cuatro horas.
JESÚS: No importa. Pedro,
Santiago, Juan... ¿queréis subir conmigo?
APÓSTOL 1: ¡Vale, Maestro!
Hace tiempo que no subo al Tabor.
APÓSTOL 2: Será una buena
caminata. ¡No perdamos tiempo!
APÓSTOL 1: Desde luego.
¡Vamos ya!
JESÚS: Vosotros esperadnos
en la fuente.
APÓSTOL 1: Está bien, pero
no os canséis demasiado.
APÓSTOL 2: Amigos, vamos a
la fuente.
APÓSTOL 1: ¡Vaya
subida...! Ya no me acordaba... Ha sido difícil, ¿eh?
APÓSTOL 2: Estoy tan
cansado que me voy a tumbar a echar un sueñecito.
APÓSTOL 1: Yo también. No
sé cómo el Maestro puede aguantar tanto.
JESÚS: Descansad un rato.
Voy a rezar un poco más arriba. ¡Moisés, Elías, bienvenidos!
MOISÉS: ¡Hola, Jesús!
¿Cómo te va por la tierra?
JESÚS: Regular, a veces es
difícil cumplir la voluntad del Padre.
ELÍAS: Pero sabes que te
quiere y que siempre está contigo.
APÓSTOL 1: Maestro. ¡Qué
bien se está aquí! Vamos a hacer tres chozas: una para Ti, otra para Moisés y
otra para Elías.
APÓSTOL 2: ¡Pedro, Pedro,
ven! ¡No sabes lo que dices!
Voz en OFF: Éste es mi
Hijo amado, escuchadlo.
JESÚS: Bajemos ya, los
otros nos esperan.
APÓSTOL 1: ¡Anda que
cuando les contemos lo que hemos visto!
JESÚS: ¡No! No contéis a
nadie lo que habéis visto hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos.
Elaborado por: Fr. Emilio Díez
Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández