La torre campanario, exenta, se
encuentra al norte de la cabecera del templo de la Catedral de Santa María la
Asunción de Barbastro, construída en estilo gótico entre los años 1517 y 1533.
De planta hexagonal, posiblemente
fue construida sobre los cimientos del antiguo minarete de la mezquita
musulmana a finales del siglo XIII y principios del siglo XIV. De esta manera,
la construcción del alminar es sustituida por la torre medieval, época a la que
corresponden los dos cuerpos inferiores, que constan de un grosor superior a
dos metros.
El acceso a los pisos superiores
se realiza por una escalera de caracol iluminada por vanos que remarcan el
carácter medieval y defensivo.
Fue construída con piedra de sillar y ladrillo, consta de una altura de 50 metros.
Conjunto Catedral y Torre de Barbastro. Bien de Interés
Cultural.
Fases de construcción:
*Obra medieval de los dos cuerpos
inferiores (siglos XIII-XIV)
*Reforma del siglo XVII llevada a
cabo por Pedro de Ruesta quien añadió un cuerpo más de sillería al exterior que
remató con almenas y ladrillo al interior, a modo de contratorre y remató el
conjunto con un chapitel de ladrillo.
*Reforma del chapitel, en la
parte superior de la torre, ya en el siglo XVIII.
Funciones:
*Civiles, como en otras
localidades el sonido de las campanas marcaba la vida de la ciudad.
*Defensivas, porque se utilizó
como atalaya por sus grandes dimensiones y sirvió como refugio.
*Religiosas, cuando sus campanas
llamaban a la oración en el templo.
Ante un grupo de saduceos que
niegan la resurrección de los muertos, Jesús defendió la resurrección y la vida
después de la muerte. Y lo hizo convencido de que su Padre Dios no es Dios de
muertos, sino de vivos y vivas. junto a Dios, están todas las personas que
amaron y con su amor dieron vida a los demás. A Jesús siempre le interesa la
vida. La de ahora y la de después. Para Él todos están vivos. ayer, hoy,
siempre...
Evangelio dialogado - Lc 20, 27-38
1º.- Sabes lo que es una
adivinanza, ¿verdad? Es un acertijo de palabras, una pregunta que te hace
pensar. En ocasiones son divertidas. Las adivinanzas han existido desde el
tiempo de Jesús. Quizás desde antes. Hoy vamos a escuchar una.
2º.- Un día se le acercó a
Jesús un grupo de saduceos, líderes religiosos que no creían en la
resurrección. Ellos intentaban que Jesús dijera que no existía la resurrección.
Le pidieron que contestara la siguiente adivinanza diciendo:
1º.- “Maestro, Moisés nos
enseñó en sus escritos que si un hombre muere y deja a la viuda sin hijos, el
hermano de ese hombre tiene que casarse con la viuda para que su hermano tenga
descendencia. Pues bien, había siete hermanos. El primero se casó y murió sin
dejar hijos. Entonces el segundo y el tercero se casaron con ella, y así
sucesivamente murieron los siete sin dejar hijos. Por último, murió también la
mujer. Ahora bien, en la resurrección, ¿de quién será esposa esta mujer, ya que
los siete estuvieron casados con ella?
2º.- El grupo de Saduceos se
frotaba las manos de satisfacción. Y le decían a Jesús que les contestase: A
ver, responde, responde ... Escuchad la contestación de Jesús:
1º.- “El matrimonio es para
las personas aquí en la tierra. Pero cuando llegue el momento, aquellos que resuciten
no estarán casados ni se casarán, ni tampoco podrán morir, pues serán como los
ángeles. Vivirán por siempre porque son hijos de Dios.”
2º.- Jesús añadió:
1º.- “Moisés mismo nos da a
entender que los muertos resucitan, pues llama al Señor "el Dios de
Abraham, de Isaac y de Jacob". Él no es Dios de muertos, sino de vivos.
2º.- Después que Jesús
sabiamente contestó su adivinanza, nadie se atrevió a hacerle más preguntas.
Tú y yo sabemos que Jesús nos
prometió que si le amamos y confiamos en Él viviremos para siempre con Él. ¿No
crees que es triste que haya personas que no creen en la resurrección y que hay
vida eterna en el cielo?
Amado Padre, estamos felices hoy
porque nos has prometido una vida eterna en el cielo.
Elaborado por: Fr. Emilio Díez
Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández
En aquel tiempo entró Jesús en
Jericó y atravesaba la ciudad. Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y
rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía,
porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera para
verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó
los ojos y dijo: - Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu
casa. El bajó en seguida, y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos
murmuraban diciendo: - Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador. Pero
Zaqueo se puso en pie, y dijo al Señor: - Mira, la mitad de mis bienes, Señor,
se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro
veces más. Jesús le contestó: - Hoy ha sido la salvación de esta casa; también
éste es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a
salvar lo que estaba perdido.
Evangelio dialogado DOMINGO 31º -
Ciclo C
NARRADOR: Jesús fue a
visitar la ciudad de Jericó. Las personas se ponían a los lados de las calles
esperando verle. Una de las personas entre la multitud era un hombre muy
bajito. Era tan bajito que no alcanzaba a ver por encima de la muchedumbre.
Este hombre se llamaba Zaqueo, era jefe de publicanos y rico. Él quería ver a Jesús,
así que trepó a un árbol y esperó a que Jesús pasara por allí. Jesús al llegar
a aquel sitio miró hacia arriba y le dijo:
JESÚS: “Zaqueo, baja en
seguida porque hoy tengo que quedarme en tu casa”.
NIÑO 1: Las personas que
estaban alrededor se sorprendieron, ¿sabes?, Zaqueo era una de las personas más
odiadas en todo Jericó.
NIÑO 2: ¿Por qué era tan
odiado?
NIÑO 1: Porque Zaqueo era un
hombre pequeño con un gran problema. Él era un ladrón y un tramposo. Era el
principal recaudador de impuestos de la ciudad y se había convertido en un
hombre rico, porque había estafado a la gente recogiendo más impuestos de los
que debía.
NIÑO 2: Entonces, ¿se
quedaba con parte del dinero que recaudaba?
NIÑO 1: Pues claro. Y por
eso la gente no podía entender que Jesús fuera a la casa de un hombre como
Zaqueo, porque le consideraban un pecador.
NARRADOR: Zaqueo sabía que
había engañado a las personas y cuando llegó con Jesús a su casa, le confesó a
Jesús que estaba arrepentido de haberse comportado mal y le dijo:
ZAQUEO: “Ahora mismo voy a
dar a los pobres la mitad de lo que tengo, y si en algo he defraudado a
alguien, le devolveré cuatro veces la cantidad que le quité”.
NARRADOR: Debido a que
Zaqueo estaba arrepentido por lo que había hecho y que también había confesado
su pecado, Jesús le perdonó y le dijo:
JESÚS: “Hoy ha llegado la
salvación a esta casa, también este es hijo de Abraham, porque el hijo del
hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido”
Elaborado por: Fr. Emilio Díez
Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández
En aquel tiempo dijo Jesús esta parábola por algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás: - Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: ¡Oh Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el décimo de todo lo que tengo. El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: ¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador. Os digo que éste bajó a su casa justificado y aquel no. Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.
Explicación
Para hablar con Dios debemos hacerlo con sencillez. Eso quiere decir Jesús cuando cuenta esta historia a sus amigos : Dos hombres fueron al templo a orar. Uno de ellos se puso muy adelante y dijo: Te doy gracias Dios, porque no soy como los demás, ladrones, mentirosos y tramposos. Yo pago los impuestos religiosos y cumplo con la ley del ayuno. El otro, escondido en el fondo del templo, decía : Oh Dios, perdóname que soy un pecador !. El primero no fue escuchado. El segundo sí. No se atrevía ni a levantar los ojos al cielo.
EVANGELIO DIALOGADO
Narrador: Entre los que se acercaban a Jesús a escuchar sus enseñanzas, había gente de toda clase, de distinta religión, ricos y pobres; y Jesús oía toda clase de conversaciones.
Publicano: Vosotros los fariseos sois unos creídos. Os creéis más que los demás, porque habéis estudiado. Unos orgullosos... eso es lo que sois.
Fariseo: A vosotros sí que no os quiere nadie. Mucha envidia es lo que tenéis. Sí, envidia porque somos más listos que vosotros y más buenos. Vosotros sois malos y pecadores, y no se puede hablar con vosotros.
Narrador: Este era el tono, que amenazaba proximidad de tormenta. La cosa se iba poniendo muy seria. ¡Eh! amigos, escuchad... ¡Eh! escuchad. Creo amigos que os va a venir muy bien, pero que muy bien, lo que dice Jesús. Escuchad, por favor.
JESÚS: Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo.
Narrador: Los fariseos eran personas que se sabían de carretilla la Ley de Moisés, y presumían de cumplirla al pie de la letra.
JESÚS: El otro era un publicano.
Narrador: Los publicanos se encargaban de cobrar los impuestos, que exigía Roma. Por eso el pueblo no les tenía cariño, y los fariseos los despreciaban... Pero, oigamos lo que dice Jesús.
JESÚS: El fariseo, en pie, en medio del templo, oraba así: ¡Oh Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros. Tampoco soy como ese publicano. Yo ayuno dos veces por semana y entrego al templo una parte de todo lo que gano, como manda la ley.
Narrador: El otro, el publicano, se había colocado en un rincón del templo, de rodillas, sin atreverse a levantar la cabeza. Escuchemos...
JESÚS: El publicano oraba así: ¡Dios mío!, ¡Dios mío! ten compasión de mi porque soy un pecador.
Narrador: Y Jesús dirigiéndose a todos los que le escuchaban, les dijo:
JESÚS: Os digo, que el publicano volvió a su casa estando a bien con Dios y el fariseo no. Porque todo el que se cree importante será humillado y el que se humilla será importante ante Dios.
Elaborado por: Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández
El Papa Francisco ha escrito una carta dirigida a cada persona en este planeta, pidiéndonos a todos
nosotros que protejamos la Tierra, nuestro hogar común. Se titula Laudato si, en recuerdo a San Francisco de Asís. Es la segunda encíclica del Papa
Francisco, publicada en 2015, donde reflexiona sobre el estado del medio
ambiente y la ecología, y hace un llamado a la adecuada conservación del
planeta.
En la carta que dice que "la tierra es un don de Dios para nosotros, lleno de belleza y maravilla
donde los frutos de la tierra pertenecen a todos". Pero lo que vemos hoy es que nuestra casa
común nunca ha sufrido tanto daño y maltrato como en los últimos 200 años. Hemos
desarrollado una velocidad mayor de lo que podríamos haber imaginado. Hemos tratado la
Tierra como si fuera un suministro ilimitado de recursos, tomando más que lo que justamente
nos correspondía, de lo nuestro y de lo de las futuras generaciones por venir.
Hemos despojado la tierra de sus bosques naturales, hemos contaminado las aguas, su tierra, y
su aire. Las plantas y las especies se están extinguiendo a un ritmo alarmante. La Tierra,
nuestro hogar, está empezando a parecerse, cada vez más, a un inmenso montón de suciedad.
Nuestro creciente uso de combustibles fósiles contaminantes, especialmente el carbón, el
petróleo y el gas, está ayudando a impulsar el cambio climático, que es uno de los mayores
desafíos que enfrentamos hoy en día.
El cambio climático nos afecta a todos, pero son las comunidades más pobres las que más lo
sufren.
Ahora estamos en un punto crítico, donde el futuro de nuestro planeta está en peligro, ya que,
a pesar de esta crisis, no parece haber ninguna desaceleración en los estilos de vida de los
países ricos.
La enorme brecha entre los ricos y los pobres siguen aumentando, entre los que quedaron
atrapados en la pobreza, con pocos o ningún recurso, y los que están consumiendo y gastando
a un ritmo cada vez mayor, dejando un rastro de residuos y destrucción.
Nuestro mundo digital también nos está contaminando con el ruido y las distracciones, nos
impide aprender a vivir sabiamente, a pensar profundamente y amar generosamente. Las
relaciones reales se sustituyen por las amistades virtuales que podemos elegir aceptar o
rechazar, dejándonos insatisfechos, sin relaciones profundas, o pueden dar lugar a una nueva
sensación de aislamiento.
Sin embargo, a pesar de todo esto, no todo está perdido. Los jóvenes exigen el cambio; los
jóvenes quieren construir un mejor que toma en serio la crisis ambiental y los sufrimientos de
los pobres. Así que podemos cambiar, podemos tener un nuevo comienzo; para proteger
nuestro hogar común, necesitamos un plan común.
Toda la familia humana necesita trabajar en conjunto para que, así, la belleza pueda lo que no
puede la contaminación y la destrucción. El uso de los combustibles fósiles también tiene que
ser reemplazado sin demora. Y tenemos que dejar de tratar a los recursos del mundo como
un objeto con fines de lucro, sin pensar en cómo nuestras acciones pueden afectar el medio
ambiente de las generaciones futuras.
El pasado lunes, 10 de octubre, nos visitó Mª Antonia y sus alumnas de jota: Carmen, Sara, Vega, Jara, María, Noa e Isabel. Cantaron jotas a la Virgen del Pilar, en especial, Sierra de luna que la interpretaron entera ya que habíamos trabajado la letra en clase. Animaron a los niños de cuarto a que valorasen el folclore y tradiciones de Aragón y a que se apuntaran a jota, baile o a tocar algún instrumento. ¡Muchas gracias por esta actividad tan bonita!
En aquel tiempo, Jesús, para
explicar a los discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les
propuso esta parábola: - Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le
importaban los hombres. En la misma ciudad había una viuda que solía ir a
decirle: "Hazme justicia frente a mi adversario"; por algún tiempo se
negó, pero después se dijo: "Aunque ni temo a Dios ni me importan los
hombres, como esa viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar
pegándome en la cara". Y el Señor respondió: - Fijaos en lo que dice el
juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y
noche?, ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero
cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?
Explicación
Jesús nos pone un ejemplo para
que comprendamos que la oración debe ser insistente, constante, habitual: En un
pueblo había un juez injusto. Una mujer viuda iba cada día a decirle: ¡Hazme
justicia contra quien me trata mal! Pero el juez no la hacía caso. No obstante,
ella insistía y todos los días le pedía justicia. Por fin, el juez, cansado de
la mujer, atendió su reclamación. Si habláis a vuestro Padre Dios cada día os
hará justicia. No os canséis.
Evangelio dialogado
Narrador: En aquel tiempo,
Jesús, para explicar a sus discípulos cómo había que rezar sin desanimarse, les
propuso una parábola.
Discípulo1: Maestro,
enséñanos a orar. Nos has dicho muchas veces cómo hay que rezar, pero no da
resultado.
Discípulo2: Yo empiezo a
desilusionarme, ¿seguro que no te equivocaste al enseñarnos a rezar?
Jesús: Vale, os lo
repetiré a ver si ahora queda claro. Para rezar debéis decir «Padre nuestro,
que estás en el cielo...»
Discípulo1: ¡Eso, Jesús,
ya lo sabemos! Lo hemos rezado así muchas veces.
Discípulo2: Pero Dios no
nos escucha.
Jesús: Tenéis que seguir
rezando ... ¡sin desanimaros! Sentaos aquí, os voy a contar una parábola:
«Había una vez un juez en una ciudad que no tenía respeto a Dios ni a los
hombres»
Discípulo1: ¡Menuda pieza,
vaya caradura!
Jesús: «En la misma ciudad
había una mujer viuda que lloraba ante el juez, diciendo:
Viuda: ¡Por favor, te lo
ruego, hazme justicia frente a mi adversario!
Jesús: «Pero el juez se
negaba una y otra vez, hasta que un día pensó:
Juez: Aunque no temo a
Dios, ni me importan los hombres, como esa viuda me está fastidiando, le haré
justicia, no sea que acabe por pegarme en la cara.
Jesús: «Fijaos en lo que
le dice el juez injusto a la viuda»
Juez: Está bien, está bien.
Anda, ven conmigo y te haré justicia.
Jesús: ¿Creéis que Dios no
os escuchará a vosotros si le gritáis día y noche? ¿Va a daros largas?
Discípulo2: Entonces, ¿hay
que insistir más y más, para que Dios Padre nos haga caso?
Discípulo1: ¡Pues ya verá
el Padre Dios lo pesado que me pongo! ¿Seguro que nos escuchará?
Jesús: Seguro, y os hará
justicia sin tardar.
Discípulo2: Es muy difícil
pedir al padre con tanta fe
Discípulo 1: Además, nunca
sabemos si él está de acuerdo con lo que le pedimos.
Jesús: Pero cuando venga
el Hijo del Hombre, ¿encontrará esta fe tan grande en la tierra?
Narrador: Si somos
cristianos, debemos rezar siempre y mucho. Para que cuando veamos de nuevo a
Jesús, al fin de los tiempos, podamos acogerlo y reconocerlo. Y él, seguro que
se acordará de nosotros.
Elaborado por: Fr. Emilio Díez
Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández
¡Vuelve la Biblia viajera! Podremos disfrutar de ella en casa una tarde y devolverla al día siguiente para que la tome prestada otro compañero. Tenemos que ser cuidadosos y mantenerla limpia y ordenada como la hemos recibido. ¡Buena lectura!