sábado, 31 de octubre de 2026

Evangelio Domingo 1-11-26

Las bienaventuranzas - Mateo 5, 1-12a

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar enseñándolos: - Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán "los hijos de Dios". Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos. Dichosos vosotros cuando os insulten, y os persigan, y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.

Explicación

En esta fiesta recordamos a todas las personas que desde el comienzo del mundo hasta hoy, han vivido con amor y cariño para todos, esforzándose por hacer felices a los demás. Esos son las amigos de Dios. Y le damos gracias a Dios en este día por todo el bien que a través de ellos hemos recibido. Ahora viven felices al lado de Dios Padre y nos esperan para reunirnos con ellos.

Evangelio dialogado

LAS BIENAVENTURANZAS 

Niño: Maestro, mira cuánta gente ha venido a escucharte.

Niña: Quieren que les cuentes la Buena Noticia.

Niño: Seguro que tu mensaje es para ellos una novedad.

Niña: Y tú hablas muy, pero que muy claro.

Niño: Sí, tan claro, que algunos se tapan los oídos.

Niña: Y es que los mensajes de su mundo son diferentes, Maestro.

Niño: Se van a sorprender cuando digas quiénes son para ti los más dichosos.

Niña: ¡Es que tienes cosas, Jesús! Te gusta ir contra corriente.

Niño: Pero así es el reino qur tú anuncias y al que nos invitas, ¡qué se le va a hacer.

Niña: Además... ¡un reino es un reino!

Niño: Y tu Reino no durará como los reinos de la tierra. Durará toda la eternidad.

Niña: Quizá merezca hacer un esfuerzo, abrir bien los oídos y escucharte.

Niño: Maestro, ponte aquí en el centro, y habla alto, Maestro; que nadie pueda decir que no te oyó.

Jesús: Dichosos los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el reino de los Cielos.
Dichosos los sufridos,
porque ellos heredarán la tierra.
Dichosos los que lloran,
porque ellos serán consolados.
Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia,
porque ellos quedarán saciados.
Dichosos los misericordiosos,
porque ellos alcazarán misericordia.
Dichosos los limpios de corazón,
porque ellos verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz,
porque ellos se llamarán “los hijos de Dios”.
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el reino de los Cielos.

Niño: Maestro, somos tus discípulos, te seguimos a todos lados.

Niña: ¿No tienes algún mensaje especial para nosotros?

Jesús: Dichosos vosotros cuando os insulten, y os persigan, y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos. Vuestro premio será grande en el cielo.

Elaborado por: Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández











 

lunes, 19 de octubre de 2026

Evangelio Domingo 25-10-26

El mandamiento principal - Mateo 22, 34-40

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que había hecho callar a los saduceos, se acercaron a Jesús y uno de ellos le preguntó para ponerlo a prueba: - Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley? Él le dijo: - "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser". Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo". Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los Profetas.

Explicación

En aquel tiempo los fariseos le preguntaron a a Jesús: -Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley? Respondió Jesús: - Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo. Estos dos mandamientos resumen todos los demás. Así pues, si queremos cumplir todos los mandamientos solo hay que hacer una cosa: amar, amar y amar.

Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón.

Evangelio dialogado

Domingo 30º ordinario-A (Mt 22,34-40)

Discípulo 1: Maestro, es difícil ser judío. Nuestra Ley es muy exigente y complicada.

Discípulo 2: Yo he contado hasta 613 mandatos en la Ley de Moisés. Nos dan normas para todo.

Discípulo 1: Cualquier cosa que hacemos está controlada. Es imposible cumplir todas las reglas.

Jesús: Las leyes pueden ser muchas, pero el Padre Dios sólo es uno, y os aseguro que no pide demasiado.

Discípulo 2: Entonces...¿Para qué tantas leyes y tantas normas?

Jesús: Porque a los hombres les gusta complicarlo todo. Os repito que el Dios Padre pide bastante poco.

Discípulo 1: Mira, Maestro, por allí vienen unos fariseos. Se les habrá ocurrido algo nuevo para molestarte. Parece que no tuvieron bastante con aquello de la moneda del César.

Discípulo 2: Sus cabezas están llenas de leyes, se creen muy listos y muy buenos por saberlas todas de memoria, y no toleran que tú, Jesús, sepas más que ellos y les dejes en ridículo.

Fariseo 1: Maestro, queremos hacerte una pregunta: Como tú lo sabes todo podrás respondernos. Estamos seguros de que sí.

Fariseo 2: A ver, dinos: ¿Cuál es el mandamiento principal de la ley?

Jesús: ¿Por qué queréis ponerme a prueba?

Fariseo 1: ¡Nooo!, ¡qué va!, Es que nosotros también estamos liados con tantas normas.

Fariseo 2: Y nos interesa saber de verdad tu opinión, a ver: ¿Cuál es el mandamiento principal de la Ley de Dios?

Jesús: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser».

Fariseo 1: ¿Y cuál es el segundo? Dinos también el segundo.

Jesús: El segundo es tan importante como el primero.

Fariseo 2: Pues, venga, dinos el segundo mandamiento.

Jesús: El segundo es semejante al primero: «Amarás al prójimo como a ti mismo».

Discípulo 1: ¿Por qué son tan importantes estos dos mandamientos?

Jesús: Porque estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y a los Profetas.

Elaborado por: Fr. Emilio Díez Ordóñez y Fr. Javier Espinosa Fernández









jueves, 1 de octubre de 2026

Biblia Stars

Compartimos este maravilloso Genially desde la página de nuestra compañera de "Si quieres aprender, enseña". En él encontraremos juegos interactivos, actividades sobre personajes bíblicos, retos visuales y preguntas dinámicas, en definitiva, recursos motivadores para seguir aprendiendo.


martes, 29 de septiembre de 2026

Uno más en clase

Nuestros amigos de la Agrupación Scout San Jorge de Binéfar nos han venido a invitar a su próxima jornada de puertas abiertas. ¡Estáis todos invitados!






jueves, 18 de junio de 2026

Mercadillo solidario

Esta mañana hemos hecho entrega a Cáritas de Binéfar el dinero recaudado en el mercadillo solidario organizado por los alumnos de 6⁰ de Religión Católica (826,81€) y en el que ha participado toda la comunidad educativa. ¡Muchas gracias a todos por colaborar!











lunes, 8 de junio de 2026

"La farisea y la publicana"

Durante esta semana Celia y Martina están representando a otros compañeros su adaptación de la parábola El fariseo y el publicano que contaba Jesús, con la importante enseñanza de mostrarnos siempre humildes.







domingo, 7 de junio de 2026

Evangelio Domingo 7 de junio

Solemnidad del Corpus Christi

Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 51-58

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:

«Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo».

Disputaban los judíos entre sí:

«Cómo puede este darnos a comer su carne?».

Entonces Jesús les dijo:

«En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.

Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí.

Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».







Explicación

La solemnidad del Corpus Christi nos recuerda la singular y particular importancia que Jesús daba al comer juntos en torno a una misma mesa. Las comidas de Jesús fueron gestos y acciones proféticas. Quien se aproxima al Misterio de Jesús no puede eludir el profundo significado religioso y el valor transcendente que el mismo Jesús quiso imprimir a la comensalidad. Sirvan como ejemplo los relatos de la multiplicación de los panes y los peces, las bodas de Caná, la conversación entre Jesús y la sirio-fenicia, la comida en la casa de Simón…

Cuando los seguidores de Jesús se volvieron a reunir tras su muerte, ahora ya sin Jesús, con la sola fuerza en la convicción de su nueva presencia resucitada, hasta el punto que podemos hablar de la comunidad del Resucitado, lo hacen, como nos relatan los textos del Nuevo Testamento, celebrando una comida y partiendo y repartiendo el pan, tal como lo habían visto hacer al mismo Jesús. Es más, las narraciones sobre Jesús, que después pasaron a ser relatos a cerca de Jesús, origen de los Evangelios, se fraguaron en estas comidas de fraternidad.

El sencillo pueblo cristiano, y en lucha frente a las autoridades eclesiásticas, comprendió de una forma más plena y auténtica el sentido profundo de la Cena del Señor hasta el punto que, llevado de su ‘sentido de la fe’, consiguió durante la Edad Media europea hacer de la celebración vespertina del Jueves Santo, la Cena del Señor, una solemnidad particular, pasado el tiempo de Pascua, para realzar y celebrar con total alegría y regocijo la institución de la Eucaristía, esto es, el memorial por el cual Jesús se hace ‘real’, simbólica y sacramentalmente, bajo las especies y signos de pan y de vino en torno a una mesa compartida.
Fray Manuel Jesús Romero Blanco O.P.